*El Costo Invisible del Nuevo Nido del Halcón: Más que Dinero, una Oportunidad Perdida.

Columnas05/03/2026 Por Ricardo Contreras

En Xalapa, la capital de Veracruz, el tiempo no solo corre; también erosiona. Cada día que transcurre sin que el Nuevo Nido del Halcón —o Arena Macuiltépetl— abra sus puertas al público, no solo se acumulan costos financieros en forma de mantenimiento innecesario.  Se trata de un deterioro mucho más profundo: el de la imagen pública del gobierno estatal. En un momento en que Veracruz busca proyectarse como un estado dinámico y proactivo bajo la administración de Rocío Nahle, mantener cerrado un recinto de esta magnitud envía un mensaje de ineficiencia y burocracia paralizante. ¿Cuánto vale la confianza de los ciudadanos? Evidentemente, más que los meses de retraso acumulados desde su planeada inauguración en marzo de 2024. 
Pero el impacto va más allá de las arcas públicas. Imagínense las oportunidades perdidas para miles de veracruzanos. Este gran complejo, diseñado para albergar eventos deportivos, espectáculos masivos, clínicas deportivas, eventos culturales, científicos y congresos, podría ser un motor económico vibrante. Vendedores ambulantes, emprendedores locales, organizadores de eventos, artistas y hasta empresas de logística generarían esquemas comerciales alrededor de su operación normal. En lugar de eso, el recinto permanece inactivo, “abandonado a su suerte” o, peor aún, sujeto a los caprichos de funcionarios que prolongan revisiones administrativas y auditorías que ya deberían haber concluido.  Cada día cerrado es una cadena de empleo y desarrollo local que se rompe: desde el taquero que vendería en las afueras hasta el hotelero que hospedaría a visitantes de congresos internacionales. En una región como Xalapa, donde el turismo y el deporte podrían ser pilares de crecimiento, este retraso no es solo un error logístico; es una traición a las potencialidades de la gente.
Prolongar este tema burocrático es un gran error estratégico. La obra, iniciada en marzo de 2023 durante el gobierno de Cuitláhuac García, ha acumulado casi dos años de demoras, con procesos administrativos que ahora involucran a la SIOP, SEFIPLAN y la Contraloría, extendiéndose potencialmente hasta 2026.  En estos momentos, cuando el estado no necesita más sombras sobre su gestión —con desafíos como la seguridad—, generar una mala imagen por algo tan evitable es innecesario y contraproducente.  Pero ¿por qué no resolver eso mientras se avanza? La parálisis actual solo alimenta percepciones de incompetencia. 
Ahora, contrastemos esto con la incongruencia en el discurso gubernamental. Por un lado, la gobernadora Nahle anuncia con bombo y platillo la rehabilitación del Estadio Xalapeño “Heriberto Jara Corona”, programada para iniciar en marzo de 2026 con recursos estatales propios, visando modernizar instalaciones, mejorar accesos y fomentar el deporte en la ciudad para proyectarla a nivel nacional.  Es una iniciativa loable, sin duda, que busca revitalizar un icono deportivo y atraer eventos atléticos. Pero ¿cómo se explica que, al mismo tiempo, un espacio con fines similares —el Nuevo Nido del Halcón— permanezca cerrado, ¿a pesar de estar terminado y equipado con estándares internacionales?  Esta dualidad manda un mensaje confuso: se invierte en rehabilitar un estadio viejo mientras se ignora uno nuevo, listo para operar. ¿No sería más coherente priorizar la apertura del Nido para complementar, no competir, con el Xalapeño? Esta contradicción erosiona la credibilidad del gobierno, sugiriendo que las decisiones responden más a inercias burocráticas que a una visión integral para el deporte y la cultura en Veracruz.
Si se abriera el Nuevo Nido del Halcón y se pusiera a funcionar al cien por ciento, el impacto en la imagen positiva sería transformador. Veracruz se posicionaría como un hub de eventos multifuncionales, atrayendo inversión, turismo y orgullo local. Imaginen conciertos internacionales llenando las gradas, congresos científicos impulsando la innovación, o clínicas deportivas inspirando a la juventud xalapeña. No solo se recuperaría el tiempo perdido, sino que se generaría un círculo virtuoso de desarrollo: más empleo, mayor recaudación fiscal y una narrativa de éxito gubernamental. En lugar de un símbolo de retrasos, se convertiría en emblema de eficiencia y visión a futuro.
Es hora de que el gobierno corte el nudo gordiano de la burocracia. Abrir el Nido no es solo una obligación; es una oportunidad para restaurar la fe en las instituciones. Veracruz merece recintos que vuelen alto, no que queden anclados en el papeleo. Cada día que pasa, el costo se multiplica, y no solo en pesos.

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