
De las Cenizas de la Adicción: El Testimonio de Juana, Renacida en un Centro de Paz en Tonalá
Prevención de Adicciones05/03/2026 Por Ignacio OsornoXalapa, Veracruz – 5 de marzo de 2026.-En un mundo donde las adicciones devoran vidas enteras, historias de redención como la de Juana Pérez (nombre ficticio para proteger su identidad) nos recuerdan que la esperanza existe, siempre y cuando se cuente con el apoyo adecuado. Juana, una mujer de 35 años originaria de Guadalajara, Jalisco, compartió recientemente su desgarrador testimonio en una sesión virtual organizada por el Colegio Nacional de Consejeros en Prevención de Conductas Antisociales (CONACON). Su relato no solo expone el infierno personal que vivió durante años de dependencia a las drogas, sino que resalta el papel transformador de un centro de atención a adicciones en Tonalá, Jalisco, afiliado a CONACON, y el innovador esquema de “Centros de Paz” que ha salvado innumerables vidas.
Juana comenzó su descenso al abismo a los 18 años, cuando una combinación de presiones familiares, desempleo y malas compañías la llevó a experimentar con marihuana y, eventualmente, con sustancias más duras como la metanfetamina. “Al principio, era solo una forma de escapar”, cuenta Juana con voz temblorosa. “Pero pronto se convirtió en un monstruo que controlaba todo. Perdí mi trabajo, mi familia me dio la espalda, y viví en la calle durante meses. El infierno era real: noches sin dormir, paranoia constante, robos para conseguir la siguiente dosis abuso de todo tipo. Mi cuerpo se deterioraba; perdí dientes, peso, y hasta intenté suicidarme dos veces. Era como estar atrapada en una pesadilla eterna, donde cada día era peor que el anterior. Las adicciones no solo destruyen el cuerpo, sino el alma. Me sentía vacía, sin valor, como si el mundo me hubiera descartado”.
El punto de quiebre llegó una noche fría de 2023, cuando Juana fue encontrada inconsciente en un callejón de Tonalá por un vecino que la llevó al hospital. Allí, los médicos le recomendaron buscar ayuda profesional, y fue derivada al Centro de Atención Integral de Adicciones especializado en mujeres, algo muy difícil de encontrar, “Casa de la Esperanza, Comunidad Terapéutica”, ubicado en la calle de López Cotilla 99 en Tonalá, Jalisco. Este centro, perteneciente a la red de afiliados del CONACON, se especializa en el tratamiento de conductas antisociales y adicciones, siguiendo los estándares éticos y profesionales promovidos por la organización nacional. “Llegué rota, sin fe en mí misma”, recuerda Juana. “Pero desde el primer día, el equipo de consejeros me trató con dignidad, no como a un criminal. Eso fue lo que me salvó”.
Lo que realmente marcó la diferencia para Juana fue el esquema de “Centros de Paz”, un programa desarrollado por CONACON. Este modelo transforma los centros de tratamiento en espacios libres de violencia y emocionalmente seguros, capacitando al personal en derechos humanos y estrategias terapéuticas que fomentan la reintegración social. Según CONACON, el programa ha certificado más de 300 centros a nivel nacional y capacitado a 11,000 consejeros, asegurando que los usuarios reciban un trato respetuoso y efectivo, alineado con los lineamientos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONASAMA).
Para Juana, los “Centros de Paz” fueron una revelación. “No era solo desintoxicación física; era sanar el espíritu. En sesiones grupales, aprendí a manejar mis emociones sin violencia, a reconstruir mis relaciones familiares. Los consejeros, certificados por CONACON, usaban técnicas como la logoterapia y la terapia racional emotiva conductual, que me ayudaron a encontrar propósito en mi vida. No había castigos ni humillaciones; todo era paz, como el nombre lo dice. Eso me permitió abrirme, confiar y avanzar. Sin este enfoque, creo que habría recaído”.
Hoy, tres años después de su ingreso, Juana es mujer nueva. Trabaja como consejera voluntaria, ayudando a otros a salir del pozo que ella conoció tan bien. “El CONACON y sus ‘Centros de Paz’ no solo me devolvieron la vida; me dieron herramientas para vivirla plenamente. Es útil porque va más allá de la adicción: aborda la salud mental, los derechos humanos y la prevención de recaídas. Ojalá más personas supieran que estos espacios existen y son accesibles”.
Historias como la de Juana subrayan la importancia de organizaciones como CONACON, que no solo combaten las adicciones desde la raíz, sino que promueven una cultura de paz en México. En un país donde las adicciones afectan a millones, estos centros representan un faro de esperanza. Si estás luchando o conoces a alguien que lo hace, busca ayuda en un “Centro de Paz” afiliado a CONACON. La recuperación no es solo posible; es transformadora.




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